Algunas situaciones apuntan de forma directa o indirecta a la posibilidad de que la Luna puede no ser un satélite natural de la Tierra, sino un inmenso planetoide hueco, fabricado por alguna civilización muy avanzada y técnicamente preparada, y colocado en órbita alrededor de la Tierra hace muchos siglos.
Paul Davies y Robert Wagner, de la Universidad de Arizona, EE. UU., sostienen que es un buen momento para investigar de nuevo a nuestra vecina más cercana. Ambos científicos creen que la superficie de la Luna puede contener rastros de actividad extraterrestre.
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